lunes, 2 de noviembre de 2015

BASTA



BASTA



Estalla la gran sonrisa enmudecida

Sostiene el brillo de la plena rebeldía

Me colma, me enardece, me obnubila

Destello en la mirada que desafía

¡Fuera de mi vida ¡¡ Fuera ¡

No me detengas, no te interpongas

Se alza la daga de mi esencia y desatina

Toda coherencia hoy desvanecida

Esgrime mi alma la pasión enceguecida

Que te enfrenta y te elimina

Que te borra del camino de mi vida

Si no me aceptas vete

Coge tu esperanza ya marchita

Tú buscas el consuelo

Yo la llama enardecida

Mil palabras anodinas

Se desgranan echas trizas

Frente a mi determinación por más sentida

No soy paz, no soy abrigo

Soy la flama, el viento, tormenta repentina

Palabras que lastiman.

Lleva contigo las caricias, llévate la piel estremecida

No es tu amor quien alimenta el fuego

Son las pasiones que me consumen muy adentro.

Coge tus anhelos y deja en paz ésta mi alquimia

Busca el camino que te invita

Recórrelo sin prisas

Que entre el cielo de tus sueños

Y el infierno que late aquí en mi pecho

Sin duda alguna yo te dejo, partir lejos de mi lecho

Y si al girar en el recodo de ese, tú sendero

Me asalta repentina una lágrima del cielo

Descuida no has de verla

Estará seca mucho antes de tocar mi duro suelo.

MARCELA ISABEL CAYUELA

Octubre 2015 – Argentina


domingo, 1 de noviembre de 2015

NO VOY A PODER DORMIR ESTA NOCHE

Enlace para la lectura del libro perteneciente a la Editorial La Semilla Amarilla " No Voy a Poder Dormir Esta Noche"

Resultado de un Concurso de Historias de Terror. 1° Puesto: LA HERENCIA
por Marcela Isabel Cayuela

http://lasemillaamarilla.com/LibroDigital/no_voy_a_poder_dormir_esta_noche.html


martes, 6 de octubre de 2015

AUGUSTE



AUGUSTE



Auguste, moría de pena cada atardecer sentado en la glorieta. Había sido lo que otros consideran un hombre afortunado, lo había tenido todo en la vida; una gran familia amante, una infancia feliz y plena, viajes, mujeres bellas y de las otras. Una buena esposa, descendencia, amigos. Una gran fortuna y muchos éxitos. Nada le faltó, ninguna carencia espiritual o física lo había aquejado a lo largo de su vida. Sin embargo….

Auguste, moría de pena cada atardecer, sentado en la glorieta.

Mientras soñaba con fumar un habano y con las manos grises abandonadas sobre la manta que cubría sus envejecidas piernas, meditaba con la mirada perdida en el ocaso, sobre las razones de su pena inmensa. Solo una idea venía a su cabeza.

Auguste, no conoció el amor. Ese, del que hablan los poetas. Ese por el que se da la vida y conmueve hasta derrumbar los cimientos de una vida. Ese…que quizá dejó pasar tan ocupado en disfrutar su vida plena.

Enumeró una a una las posibilidades de haber dejado escapar la verdadera musa de lo que hoy son anhelos viejos, inalcanzables. Recordando las compañeras de su vida descubría cada tarde, que ninguna había tan siquiera llegado a conmover su espíritu, más allá del sueño o de algún verano compartido.

Auguste, a veces sentía que su vida había sido escrita de antemano, paso a paso sin contar con aquel detalle. Un fuerte sentimiento que estremeciera su vacuo corazón.

Todo estaba escrito entre la bruma de un libreto que el desconocía. El creador se olvidó de obsequiarle un par de momentos en los que pudiera amar. Se dio cuenta entonces que tampoco supo jamás lo que era odiar.

La noche caía sobre la glorieta donde pasaba cada tarde, en absoluto silencio y soledad. Se le acababa el tiempo de pensar. Pronto vendrían a buscarle para resguardarlo de la humedad nocturna, ésa su familia que lo trataba con tanto cuidado y…amor. Esa palabra rondaría su mente hasta el momento exacto en el que sus párpados se cerraran en el reparador sueño prescripto de antemano.

Sintió el murmullo de los pasos sobre la grama del jardín, algo en su interior se rebelaba pues deseaba ver al menos un haz de plata surgiendo del astro que ascendía sobre el firmamento. Sin embargo no emitió palabra alguna, ni una queja, ni un lamento. Esos…se los llevaba por dentro, cobijados por su duro aunque envejecido pecho.

Sonreía Pierre, al subir a la glorieta, lo tomó entre sus brazos y lo condujo hacia el interior de la casona. Ya dentro lo llevó a su lecho. Auguste no cenaba. Mientras Pierre subía las escaleras con él en brazos le hablaba cariñosamente sobre la

hora de descansar. Siempre lo mismo, como si quisiera explicarle que sus días estaban contados, que su historia ya marcaba su final.

--Bueno Auguste, has tomado suficiente aire, es hora de descansar.- Y colocándolo en la gran maleta, el ventrílocuo acomodó a su primer muñeco cerrando la tapa sobre él.

Allí dentro, en la oscuridad Auguste sintió algo cálido rodar por su mejilla, era la primera vez.

Auguste, lloró sin saberlo siquiera…y cual epifanía humana, comprendió la razón por la cual moría de tristeza, como siempre, cada atardecer, sentado solitario en aquella glorieta.

Auguste, nunca conoció el amor, pues se olvidaron de ponerle un corazón.

Auguste, nunca será…feliz.

MARCELA ISABEL CAYUELA

Octubre 2015 – Tucumán – Argentina.

(Derechos Reservados)


miércoles, 30 de septiembre de 2015

NUNCA ANTES


 

NUNCA ANTES

Nunca había imaginado, mientras miraba trémulas mis manos, que un impulso desenfrenado me arrastrara hacia este abismo en el que hoy me encuentro.

Ningún atardecer me condujo inapelable hasta extremo alguno en mi monótona y aburrida vida, tan solo por el hecho de desgranar anaranjado su color tardío, de sol que abandona el cielo sobre las sábanas revueltas de mi lecho, mientras desvanecía su calidez sobre el desnudo cuerpo de aquella que más amaba.

Me imaginé junto a ella, en enloquecido abrazo, como cada tarde al regresar de la oficina. El cabello revuelto sobre la almohada. Perladas gotas de sudor se balanceaban sobre su piel estremecida y agitada.

Oculto entre las sombras de la entrada, simplemente la observaba. El rostro satisfecho y placentero, los párpados cerrados y el extremo de su largo y bronceado brazo desmayado sobre el pecho de aquel desconocido.

Allí cubiertos por aquella indiscreta luz de la ventana, ambos yacían el letargo posterior al clímax del amor ejecutado apasionadamente.

Ella, que era mía. El que la invadía. Mil imágenes cruzaron por mi mente…describiendo con crueldad inhumana cada instante transcurrido en aquella cama. Sádico el pensamiento humano…que me atenaza el pecho y me desquicia el alma.

Para que describir, lo que impulso mi cuerpo, mi esencia, mis manos y la ausencia de la más mínima calma. A quien sorprenderá una historia que desde el principio está contada?.

No existe un final literario para mi historia aquí narrada. Es solo un sentimiento que me surge entre palabras. Es fácil predecir, que les arrebaté la vida, el aliento y hasta la esperanza.

Y permanezco aquí, junto a la ventana. Mirando trémulas mis manos que debieran estar ensangrentadas. Pero a la luz de la luna que ya se asoma junto a su luz plateada, de mi cuerpo, no distingo nada. Cuando el haz acaricia los cuerpos en la cama. Percibo a mi amada, elevando el pecho en un suspiro complacido, mientras se incorpora aun desnuda y sin marcas…no hay huella alguna de mi ataque a cuchilladas. Se dirige lánguida hacia el perchero donde cuelga de raso blanco su bella bata, mira el tocador y se detiene, un retrato de ambos permanece sobre la madera lustrada, nuestras sonrisas enmarcadas. Gira su bello rostro hacia el lecho donde reposa aquel infame amante y esboza una sonrisa enamorada. Toma el retrato y casi piadosamente lo introduce en el fondo de un cajón de ropa blanca. Luego sale del cuarto dirigiendo sus pasos hacia la ducha. Desde aquí pudo escucharla.

 

Cierro mis ojos…nunca había imaginado, cómo sería matar a un ser amado. Tocar el filo del extremo, llegar al límite, perder el alma. Pero esa funesta tarde los maté a cuchilladas…y me quedé mirando mis manos ensangrentadas.

Sigo caminando, es de noche, llueve sobre mi piel empapada con mis propias lágrimas. Una sirena policial suena a mis espaldas, me detengo. Vienen por mí. En verdad, ya lo esperaba. Vuela de nuevo mi desvarío y me veo nuevamente junto a una ventana, observando triste mis manos pálidas. Levanto la vista, la escena se repite, yo y aquellos dos en esa nuestra habitación hoy desolada. Y así día tras día…en cada ocaso, cuando la tarde muere desahuciada.

Traición y dolor que nunca acaba, repitiéndose cruel y condenada. Mientras permanezco en esta celda sin ventanas, desde hace ya diez años, donde fuera encerrado cinco antes, de que ella con otro se casara…cinco años desde que junto a él me visitara y los celos me devastaran, convirtiéndome impiadosos, en su acosador fantasma.

 

MARCELA ISABEL CAYUELA

Setiembre 2015 – Tucumán – Argentina

(Todos los Derechos Reservados)

viernes, 18 de septiembre de 2015

DUDAS

DUDAS
Una sombra cubre densa el inerte horizonte que alcanza la mirada.
Etéreas las palabras ruedan con la brisa, sugerentes.
Murmullo de versos se dispersan liberados
Las metáforas juegan a escondidas, en los rincones con los verbos
Sinónimos se disputan el primer lugar entre adjetivos.
Una vieja maleta desteñida guarda mis poemas
Encerrados en oscura espera sobre el malecón allí en la playa.
Una lágrima recorre la comisura de una mueca, abandonada
La ausencia del color engalana el vestuario de letras desordenadas
Mientras en la mente se confunden los sentidos con recuerdos
Las certezas con la incertidumbre, la pasión con el desgano
Inseguridades que triunfan sobre la agudeza de todo pensamiento
Aquellas letras del Grande se me incrustan como daga…
“Ser o no Ser…ésa es la cuestión” y desconsuela.
Volando desde el firmamento fiel y compañero
Hadas Musas, descienden en mi busca, sacudiendo sentimientos
Titilando en la pantalla…ese cursor intermitente que me invita
Cual metrónomo en el piano, ejecutar el ritmo de las letras
Y mi cuerpo estremecido, siente el frio del vacío
De la duda…de la espera. Humilde y pobre ser humano
Que hizo de su vida y pasión las letras, sin saber siquiera
Cuántas de ellas le acompañan a su vera, eterna quimera
Inseguridades más que humanas, asaltan entre dudas
La osadía de plasmar algún poema, quizá una prosa, quizá el silencio
Sentir el miedo que te llena, cuando intentas una idea.
Y la ausencia de lo cierto, lo que eres, lo que otros de ti piensan.
¿Qué hacer? …tal vez ser tú mismo… ¿Pero quién eres en verdad?
Acaso el sueño de ser poeta…o solo un sueño que se convirtió en poema
MARCELA ISABEL CAYUELA
Setiembre – 2015
Tucumán - Argentina